GUILLERMO PÉREZ VILLALTA Obra sobre papel 2007-2010 22 de junio - 24 de julio de 2010


GUILLERMO PÉREZ VILLALTA
Obra sobre papel

Gran parte de mi labor se realiza sobre papel. Su muestra termina siendo dificultosa frente a la pintura, incluso se le suele dar a este tipo de trabajo un carácter menor respecto al formato cuadro, cuando tiene no sólo el mismo carácter sino igual dedicación.

Especialmente la acuarela es un modo pictórico que me es especialmente grato. Su transparencia y luminosidad son difíciles de encontrar en otras técnicas, pero no sé porqué se asocia a cierto amateurismo, cuando en realidad es bastante dificultosa. Yo la empleo de un modo decimonónico, esta palabra era en el siglo XX sinónimo de antiguo, aunque vengo diciendo que el siglo XXI descubrirá el XIX en su verdadero valor.

Ésta técnica consiste en ir superponiendo desde capas muy tenues a más intensas en una labor tranquila y paciente que tiene algo de ritual tántrico. Tiene mucho que ver con la desaparecida técnica del “lavado” que se empleaba en arquitectura. En el 2007 realicé una exposición de acuarelas tituladas “Islas”, de las que estas “Islas flotantes” son hijas. Mucho más fantasiosas que aquellas, algunas tienen un cierto aire de ciencia ficción que no es sino producto de la fantasía.

He dedicado en los últimos tiempos una gran atención al paisaje. Es una especie de abstracción imaginario que, de algún modo, se auto-crea. Aunque tengas una idea general o concreta éste te va llevando como de paseo con él. Es como ir de excursión. Pasa lo mismo con los árboles, éstos tienen su propia lógica y equilibrio y, verdaderamente, no te subes por las ramas, sino que éstas te llevan.

“Deídolos” es la serie se acuarelas hecha más primorosamente, la más parecida a un “lavado”. Pretendía hacer una especie de fi guras totémicas, como de extraños cultos, pero que no pertenecían a ninguna cultura concreta. Tenían una cierta autonomía creativa, una forma me pedía otra claramente sin saber muy bien porqué, y así aparecían casi misteriosamente.

En medio de su proceso pensé que eran formas volumétricas, tan perfectas que merecían ser llevadas al espacio, hacerlas ídolos escultóricos, en los momentos en que escribo esto estamos en ello.

Éstas dificultades técnicas, ajenas a la tranquilidad del estudio, me hacen valorar más el dibujo, sobre todo el de pequeño formato que lo hace tan semejante a la escritura, tan próxima al pensamiento, como ir dejando la huella del tiempo. De hecho es una buena actividad para la melancolía, por eso quizás me gusta tanto.

Guillermo Pérez Villalta.