Trabajamos en la oscuridad, hacemos todo lo que podemos, damos lo que tenemos. Nuestra duda es nuestra pasión y nuestra pasión es nuestra tarea. El resto es la locura del arte. JLG
Una mujer con melena corre por el asfalto. Corre rodeando el pretil de una plaza, perseguida por un hombre corpulento armado con un cuchillo. Corre descalza y con los brazos levantados recordando a una mujer de Picasso. Después de dar varias vueltas se dirige hacia donde yo me encuentro acosada por el hombre del cuchillo. Entra en el soportal y se acurruca a mi izquierda buscando cobijo-protección en una esquina.
La esquina, como la escultura, es el lugar seguro (recuerdo a Beuys y Tatlin), yo habito ese lugar, un refugio próximo a mi inmovilidad, mitad abierto mitad cerrado. Un lugar para el encuentro, un pliegue para resguardarse, un espacio ya habitado esperando al visitante.
La escultura, como la esquina, me protege, desde ella puedo observar, percibir y negociar con la realidad, me permite fluir con el mundo.
Y en este flujo, un desafío: ¿Cómo hacer que los procesos (vitales, estéticos,..) no queden ocultos?, ¿cómo hacer que el lenguaje revele el andamiaje (imaginario) permitiéndome mostrar lo que soy?: una entidad abierta, un proceso en continuo cambio, un fluido?
Escultura: Escoger el punto de cristalización, muchos momentos de cristalización.
¿Lo incompleto?
¿Y cómo sentirnos completos en este
universo de suturas,
en esta urdimbre de cicatrices? Luce Irigaray
Dos gatos negros, uno GRANDE, uno pequeño, acurrucados de perfil. Vuelvo a soñar. Alimento a los dos con una tortilla de patatas que encuentro sobre el fregadero.
¿Cómo reconocer las preguntas?, ¿Cómo darles respuesta?
La técnica. Un proceso a través del cual los seres humanos creamos herramientas para comprender nuestro entorno, aquello que nos ayuda a resolver situaciones originadas por nuestro deseo, que nos permite alimentar cada necesidad y comunicar su eventual satisfacción. Pero desarrollar una técnica implica asimismo un riesgo: suponer que sirve para dar respuesta a todas y cada una de las preguntas (el estilo). Y sin embargo ¿No debería la técnica ser inventada cada vez y para cada ocasión? …la precisión de las palabras…
Pensamos que el arte nos dura, duramos en él, hasta que nos extinguimos; sin embargo a lo largo de la historia son pocos los artistas (Tiziano, Rembrand, Godard, Cage, J. Cash …) que han mostrado una creatividad real y longeva. Si esta fuese nuestra aspiración, ¿Cómo podríamos desarrollar una técnica propia que haga posible comunicar cada mirada en toda su complejidad y continuadamente?
… eterno será el verano tuyo.
No perderás la gracia, ni la Muerte
se jactará de ensombrecer tus pasos
cuando crezcas en versos inmortales.
Vivirás mientras alguien vea y sienta
y esto pueda vivir y te dé vida.
W. Shakespeare
Convivimos a diario con la idea de muerte, de límite, y a pesar del AQUÍ Y AHORA y del NO FUTURE, la memoria nos une paradójicamente con el pasado -situados de espaldas al inaprensible futuro, el pasado inexorable se revela ante nuestros ojos-, y pienso que todavía hay algo que nos empuja a intentar trascender el presente y con ello a perpetuarnos. Me pregunto si este comportamiento es una necesidad de la que no podemos escapar, algo inherente a la relación del hombre con el mundo a través del arte, o bien se trata de un reflejo inconsciente, fruto de la persistencia en nosotros de un modo de entender la función del arte a lo largo la historia.
Y al final y después de todo ¿por qué vuelve el vacío, por qué se repite esa sensación de abismo a la que no le incumbe tu pasado, tus pequeñas victorias, tus certezas, tus vuelos sin motor, tus saltos sin red?
I´m what I am I’m a solitary man
A man who travels alone
Don´t look at me I will be what I´m
A solitary man until you can find me. J. Cash
A tus hombros cansados les quitarás la sombra,
cuando apagues la vela, antes de acostarte. J. Brodsky
Siguiendo unas estrechas escaleras exteriores por el lateral dela casa, accedo a un rellano y, girando a la izquierda, me encuentro la puerta de entrada; en medio de la puerta, una argolla, cuyo sonido anuncia sordamente cada visita.
Una vez dentro, un estrecho pasillo me muestra el camino: a la derecha y de frente, la puerta de su habitación de 92 años; un poco antes, hacia la izquierda, una puerta se abre a la cocina, cuadrada y ordenada, y con anterioridad y frente a la entrada, otra puerta guarda la salita de estar. Más hacia la izquierda el dormitorio de las chicas y para completar el pasillo, entre la sombra se me revela la puerta del minúsculo baño.
Ella mira por la ventana entreabierta de la cocina, adivina por su sonido los vehículos de la carretera, siente el paso del tren que se anuncia con su silbido entrando o saliendo del túnel,
y su mirada acaricia el verde y asciende
hasta perderse
en el límite del paisaje.
¿Hace falta cerrar los ojos para
Imaginar
Olvidar
Recordar
Representar?
¿Se agota el arte cuando nuestra capacidad de asombro y curiosidad se desvanecen, cuando ya no somos porosos y permeables? Saturación y aburrimiento.
Cíclicamente nos consumimos y estas pequeñas muertes ¿no dejan huella?
Mantener la tensión
Esperando,
esperando a que el muro que nos separa se vuelva poroso,
a cruzar sus limites,
a borrar temporalmente la línea del horizonte,
por tu llegada. Luce Irigaray
Dos ideas de imagen, dos ideas de arte:
¿por qué las esculturas de los frontones del Partenón situadas a tantos metros de distancia están perfectamente acabadas?, ¿por qué las figuras de los apóstoles que coronan los accesos a la basílica de San Pedro solo tienen definida y toscamente su parte frontal?
¿Dónde se da el arte, dónde buscarlo?
La escultura es un ejercicio de activación: espacial, mental, físico y metafísico. Su importancia no tiene que ver con lo que su masa física ocupa, sino con su capacidad de acceder y activar todo lo que no es ella misma, de crear un espacio de relación.
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